Cada vez que por un motivo u otro preciso asistir a alguna actividad cultural organizada por el Ateneo Riojano, constato muchas cosas, entre otras, una gran ilusión en todos los socios y simpatizantes por revitalizar la Institución y hacerla plenamente participativa; además de percibir algo que me parece fundamental, la sensación de estar entre amigos.
En este sentido, soy consciente de que el Ateneo cuenta con varios tesoros, como su prolongada y fructífera historia, su plantel de eminentes y laboriosas directivas o su biblioteca, pero su mejor capital es, sin duda, el ambiente de convivencia que se respira en su sede. Por eso, en este mundo que nos ha tocado vivir, frecuentemente envuelto en una evidente mediocridad